Yūgen: la tendencia deco más serena del año (y la que todos vamos a querer en casa)
Hay estilos que vienen para transformar espacios. Y luego están los que transforman también cómo te sientes en ellos. Yūgen pertenece a esta segunda categoría. No es solo una estética: es casi una filosofía de vida. Una forma de decorar que va más allá de lo que se ve, para conectar con lo que se siente.
Puede que ya hayas oído hablar de él como “el nuevo Japandi” o “el heredero del Wabi-Sabi”, pero lo cierto es que el Yūgen tiene entidad propia. Nace del concepto japonés del mismo nombre, que no tiene traducción literal pero que podría explicarse como “la belleza de lo sutil, lo imperceptible, lo que se intuye más que se muestra”. Es el arte de crear una atmósfera envolvente sin caer en el exceso. Y en tiempos de ruido visual, eso es oro puro.
¿Cómo se traduce Yūgen en decoración?
Imagínate entrar en una casa donde la luz es suave, los materiales te envuelven y todo parece en equilibrio. No hay saturación, ni muebles por compromiso, ni tendencia por tendencia. Hay intención. El Yūgen se construye a base de pocos elementos, pero muy bien escogidos. No busca impresionar a nadie, solo invitarte a estar, a respirar, a bajar el ritmo. Los colores hablan bajito: tonos piedra, blancos rotos, grises suaves, verdes apagados, toques de arcilla. La madera es protagonista, pero no en su versión más pulida, sino con vetas a la vista, con textura. Las telas, naturales y con caída: lino, algodón lavado, lana cruda. Y los muebles, de líneas limpias, sin estridencias, pero con presencia. La clave está en dejar espacio al vacío. No llenarlo todo. No explicarlo todo. En Yūgen, el silencio visual también decora.
Más que un estilo: un modo de habitar
La tendencia Yūgen en interiorismo conecta con una forma de vivir que cada vez valoramos más: más lenta, más consciente, más conectada con la naturaleza. Por eso tiene sentido que aparezca ahora, cuando pasamos más tiempo en casa, y queremos que ese tiempo sea de calidad. Aquí el interiorismo no solo es estética: es bienestar. Es crear un entorno que favorezca la calma mental, el orden emocional. Por eso verás que en los espacios Yūgen todo tiene un propósito. Un banco bajo junto a una ventana, pensado para sentarte a mirar cómo cambia la luz. Un cuenco de cerámica imperfecta que no adorna, sino que acompaña. Una lámpara que no grita, pero transforma una habitación cuando cae la tarde.
Yūgen y la naturaleza: un diálogo constante
Otro de los pilares de este estilo es la conexión con lo natural. No desde el postureo de “tener plantas”, sino desde la integración real del entorno en el hogar. Se abren los espacios al exterior, se usan materiales nobles, se respetan las texturas tal como son. No hay problema si una mesa tiene una imperfección. Al contrario: se valora. Porque cuenta una historia, porque tiene alma. En ese sentido, Yūgen es un estilo muy orgánico. Y no necesita grandes jardines para funcionar. Una luz que entra tamizada, un rincón con una planta bien elegida, una piedra que recogiste en un viaje… todo suma.
¿Y esto cómo se consigue?
A veces menos, es más, pero solo si ese “menos” está bien pensado. Para lograr un interior Yūgen no hace falta vaciar tu casa y empezar de cero, pero sí hay que mirar con honestidad qué te sobra y qué te falta. Empieza por despejar. No acumules por acumular. Quédate con lo que te transmite algo, con lo que tiene sentido para ti. Luego observa la luz de tu casa y cómo se mueve a lo largo del día. Eso te dirá mucho sobre cómo distribuir los muebles y qué colores te convienen. Incorpora materiales que te hablen: una mesa de madera maciza, una alfombra tejida a mano, una lámpara de papel o de cerámica. Y no te obsesiones con combinar todo. Lo importante es que haya una armonía general, no que todo sea uniforme.
Espacios que se sienten (y se viven)
La magia del Yūgen está en que no busca llamar la atención. Y, sin embargo, cuando entras en un espacio con esta estética, algo cambia. Te invita a hacer una pausa, a estar más presente, a respirar hondo. No es un estilo que se imponga: se insinúa. Y cuando lo descubres, ya no hay vuelta atrás. Por eso, más que una tendencia pasajera, lo vemos como una evolución natural del interiorismo contemporáneo. Una forma de entender la casa no como un escenario, sino como un lugar que te cuida.