Del cereza oscuro al burdeos y el rojo intenso, el tono con más personalidad de la paleta de colores vuelve a conquistar los interiores. Te enseñamos cómo añadirlo y qué errores evitar al usarlo.
El rojo se ha convertido en el color estrella. Aunque hace algunos años no era así. Su intensidad, su capacidad para atraer inmediatamente la mirada y su fuerte personalidad podían convertirlo en una elección demasiado arriesgada para quienes buscaban interiores tranquilos. Sin embargo, ahora regresa a la decoración con una lectura mucho más sencilla y no es necesario llenar una habitación de rojo para aprovechar toda su fuerza.
Una lámpara portátil sobre una mesa auxiliar, un aplique de pared, una suspensión de cerámica o un pequeño mueble pueden ser suficientes para alterar la energía de una estancia. “El color rojo no necesita dominar el espacio ni aparecer en grandes dosis para hacerse notar: a veces basta una sola pieza, bien situada, para alterar por completo la energía de una estancia”, explican desde Nedgis.
¿Por qué triunfa de nuevo el color rojo?
Su regreso resulta especialmente interesante en interiores dominados por blancos, beiges y tonos naturales.
Pantone ha elegido Cloud Dancer, un blanco sereno, como Color del Año 2026, una decisión que confirma la vigencia de las bases luminosas y calmadas. Precisamente sobre ellas, una lámpara roja, un aplique burdeos o una suspensión en color cereza adquieren todavía más presencia. “Cuanto más sereno es el punto de partida, más evidente resulta su efecto”, señalan desde Nedgis. En ambientes con madera, fibras naturales, cerámica, mármol o textiles crudos, el rojo actúa como un contrapunto que introduce ritmo, tensión y una sofisticación menos previsible.
La clave está en no convertirlo necesariamente en el tono dominante. “No hace falta convertirlo en protagonista absoluto; precisamente su fuerza está en entrar con medida”, apuntan desde la firma.