Para mí,

la felicidad no hace ruido.

No se mide en logros visibles,

ni en aplausos ajenos.

Es despertar con el alma en calma,

saber que por dentro no hay guerra y que el amor,

aunque sencillo habita mis días.

Es entender que la verdadera abundancia se llama salud,

y que todo lo demás solo tiene sentido

si el cuerpo y el espíritu pueden sostenerlo.

Y si hay algo verdaderamente hermoso en una persona,

no es lo que muestra,

sino su capacidad de comprender,

de agradecer,

de mirar al otro con humanidad.

Ahí, justo ahí,

empieza la riqueza real.

 

Psic. Clara Aguiar Batiz