Muchas veces escucho quejas de las personas acerca de otras. Lo interesante es que casi todos los seres humanos, decidimos mirar el error afuera pero jamás mirarlo dentro.
A lo largo de todas las entrevistas que he realizado a muchos diferentes tipos de personas, he notado la repetición de patrones de comportamiento secretos, disimulados o negados por quienes juzgan los defectos en las demás personas.
Esta frase “Lo que te choca, te checa” es real, pero solo para aquellos valientes que deciden preguntarse el por qué ciertas personas y no todas, nos parecen molestas, incómodas o francamente insoportables.
Es muy fácil sentirnos afectados por el exterior, reaccionamos ante el prójimo de formas casi instantáneas.
Veamos algunos ejemplos:
Esa vecina que sale con el escote hasta el ombligo, que parece coquetear con todos los hombres. que es juzgada por esa esposa que se muere de coraje cuando la vecina saluda a su marido y este la mira furtivamente. Detrás de ese coraje, muchas veces aparecen sentimientos de envidia, ya que esta mujer casada no se siente bella, atractiva, ni tomada en cuenta por su marido. Quizás muy en el fondo desearía llamar la atención no solo de su pareja, sino también del sexo opuesto.
Otro ejemplo, un varón que siente resentimiento hacia sus padres por haberlo abandonado, critica ferozmente a su jefe quien se la pasa saliendo con todas las mujeres dejando olvidados a sus hijos y mujer. Este varón siente remover el recuerdo de ese abandono en su infancia y muy en el fondo desearía también pensar solo en él, y no tener demasiadas obligaciones familiares, como una forma de desquitarse, al no haber recibido suficiente cariño.
Lo que quiero plantear aquí, es que dentro de cada uno de nosotros existen una serie de emociones guardadas, inconfesables que nos impiden ser felices y que nos llevan a reaccionar automáticamente ante las acciones de las personas que nos rodean.
Una manera de lidiar con tantas quejas o críticas es reconocer que cuando algo nos afecta demasiado al ver las conductas ajenas, quizás deberíamos preguntarnos ¿Cuál es el origen de tanto malestar? ¿Qué esta detonando la conducta de esas personas, como algo muy dentro de mí?
Sería algo como mirar la relación que existe entre la conducta de la otra persona y tu propia respuesta emocional.
A veces es incluso más directa la relación. Supongamos que sueles magnificar todos tus triunfos, te encanta platicar todas tus anécdotas con mucho detalle y gran orgullo y un día conoces a una persona sumamente soberbia a quien le gusta mucho acaparar la atención de todos cuando habla, y te cae muy mal esa persona…
Pues justamente ese sentimiento viene, de que se parece a ti. Quizás nadie te lo ha dicho. Pero una vez que agarras el micrófono, no lo sueltas.
Mi sugerencia para ti es esta. Revisa, mira con humildad a las personas que más mal te caen. Identifica en que se parecen a tu personalidad, o que herida del ayer brota cuando convives con ellas. Recuerda, esas personas pueden ayudarte a conocerte más y mejor. ¿Y por qué no? Están allí para que aprendas a transformar esos sentimientos oscuros, en una oportunidad para elevar tu conciencia.