- ¿Qué tendencias o decisiones ves repetirse una y otra vez, aunque no siempre sean la mejor opción a largo plazo en el día a día?
Olga: «Una decisión que veo repetirse constantemente en el estudio, y donde me toca hacer un poco de guía, es la apertura total de la cocina al salón. Muchas veces quieren abrirla simplemente por el hecho de ser bonito o porque es lo que está de moda, sin pararse a pensar en las necesidades reales que tienen.
Yo estoy muy a favor de abrir espacios, pero siempre que se tenga claro el estilo de vida. Las cocinas abiertas no están hechas para todo el mundo. Hay personas que cocinan grandes cantidades a diario, que tienen mucho ajetreo entre fogones, y que no quieren mezclar esa zona de ‘trabajo’ con la zona de relax del salón.
A veces tenemos en la cabeza el canon de cocina abierta y preciosa que vemos en las fotos y, por querer seguir la moda, descartamos opciones que nos harían mucho más felices en nuestro día a día.
Los interioristas no diseñamos porque algo nos guste a nosotros o por seguir la tendencia, diseñamos por y para nuestros clientes. Estudiamos quién vive en esa casa, cuáles son sus rutinas… y a partir de ahí tomamos decisiones que tienen un ‘porqué’ mucho más profundo que el simple ‘es bonito'»
«Otra cosa que va de la mano de las cocinas abiertas y que me piden siempre es: «Quiero una isla». Y aquí hay que ser sinceros: no todas las cocinas reúnen los requisitos para tenerla. Intentar poner una isla en una cocina donde las medidas mínimas no las respetas, es un error muy común que al final asfixia el paso y hace que cocinar sea incómodo y agobiante.
En el estudio a veces tenemos que ‘frenar’ ese impulso y proponer otras alternativas, como una península (que funciona igual de bien) o algo que me apasiona recuperar: la mesa de centro de toda la vida, como la de nuestras abuelas. Esa mesa de madera, con sus sillas, aporta una calidez y una versatilidad que ninguna isla de piedra puede igualar.
Al final, lo que queremos es que nuestra cocina sea funcional hoy y dentro de 15 años. Sentirnos bien en ella y compartir momentos, como el corazón de la casa que es».