Las reformas y peticiones de los clientes a los interioristas son un termómetro de lo que buscamos. Hoy en día, decorar y renovar la cocina es mucho más importante que años atrás. Lo que antes era un espacio de trabajo, privado y casi escondido, hoy se quiere integrar en la zona de día, con más luz, más continuidad y menos barreras. En esa transición, surgen deseos muy concretos y, también, decisiones que pueden ser erróneas al no adaptarse a la cotidianidad. 

Para entender qué se está pidiendo ahora mismo y por qué, conversamos con la interiorista Olga Santos.

  • Desde tu experiencia, ¿con qué dirías que estamos obsesionados hoy en día cuando queremos reformar la cocina?

Olga: «Desde mi experiencia en el estudio, la obsesión principal de los clientes hoy no es puramente estética; es una obsesión por la amplitud, queremos fluidez espacial. La gran mayoría de mis clientes ya no quieren una cocina ‘cerrada al mundo’. El deseo absoluto es que la cocina desaparezca visualmente para fundirse con la zona de día, convirtiéndose en el nuevo salón social de la casa. 

Pero, sobre todo, la verdadera obsesión es la eliminación del ruido visual. Mis clientes buscan un almacenaje inteligente y escamoteable: desayunadores ocultos tras puertas que desaparecen, electrodomésticos integrados que no interrumpen la línea visual, campanas extractoras de superficie que pasan desapercibidas e incluso encimeras porcelánicas con inducción invisible.

En el fondo, lo que buscan es paz visual. Quieren la libertad de vivir la cocina intensamente, pero tener la capacidad de que todo quede recogido y perfecto en un segundo, especialmente cuando la cocina es ahora el escenario donde recibimos a nuestras visitas».

  • ¿Qué tendencias o decisiones ves repetirse una y otra vez, aunque no siempre sean la mejor opción a largo plazo en el día a día? 

Olga: «Una decisión que veo repetirse constantemente en el estudio, y donde me toca hacer un poco de guía, es la apertura total de la cocina al salónMuchas veces quieren abrirla simplemente por el hecho de ser bonito o porque es lo que está de moda, sin pararse a pensar en las necesidades reales que tienen. 

Yo estoy muy a favor de abrir espacios, pero siempre que se tenga claro el estilo de vidaLas cocinas abiertas no están hechas para todo el mundo. Hay personas que cocinan grandes cantidades a diario, que tienen mucho ajetreo entre fogones, y que no quieren mezclar esa zona de ‘trabajo’ con la zona de relax del salón.

A veces tenemos en la cabeza el canon de cocina abierta y preciosa que vemos en las fotos y, por querer seguir la moda, descartamos opciones que nos harían mucho más felices en nuestro día a día.

Los interioristas no diseñamos porque algo nos guste a nosotros o por seguir la tendencia, diseñamos por y para nuestros clientes. Estudiamos quién vive en esa casa, cuáles son sus rutinas… y a partir de ahí tomamos decisiones que tienen un ‘porqué’ mucho más profundo que el simple ‘es bonito'»

«Otra cosa que va de la mano de las cocinas abiertas y que me piden siempre es: «Quiero una isla». Y aquí hay que ser sinceros: no todas las cocinas reúnen los requisitos para tenerla. Intentar poner una isla en una cocina donde las medidas mínimas no las respetas, es un error muy común que al final asfixia el paso y hace que cocinar sea incómodo y agobiante.

En el estudio a veces tenemos que ‘frenar’ ese impulso y proponer otras alternativas, como una península (que funciona igual de bien) o algo que me apasiona recuperar: la mesa de centro de toda la vida, como la de nuestras abuelas. Esa mesa de madera, con sus sillas, aporta una calidez y una versatilidad que ninguna isla de piedra puede igualar.

Al final, lo que queremos es que nuestra cocina sea funcional hoy y dentro de 15 años. Sentirnos bien en ella y compartir momentos, como el corazón de la casa que es».

  • Frente a esas obsesiones, ¿qué aspectos crees que deberían recibir más atención en una cocina bien planteada y a menudo se pasan por alto? 

Olga: «Lo que más se descuida y que para mí es el alma de una cocina bien planteada es la ergonomía sensorial. No diseñamos solo para la vista (que sea bonito), sino para el cuerpo (que sea funcional). A menudo se pasan por alto las alturas de trabajo personalizadas o los flujos de circulación que respeten el «triángulo de trabajo» de forma cómoda.

Puedes invertir en los materiales más caros del mercado, pero si no respetas las medidas mínimas de paso, la cocina habrá fracasado como espacio vital. En el estudio siempre digo que si no dejas esos 90 o 100 cm necesarios para moverte con soltura, abrir el lavavajillas sin chocar con nada o permitir que dos personas se crucen sin tener que «pedirse perdón», el diseño no sirve. La verdadera belleza de una cocina nace de su funcionalidad silenciosa».

«Antes de decidir el color de la puerta o la veta de la encimera, estudio con el cliente cómo se va a mover, cuánto mide y cómo vive. No diseñamos cocinas para ser fotografiadas, sino para ser disfrutadas. Si el diseño no te hace la vida más fácil, no es un buen diseño. 

Pero, sobre todo, la gran olvidada: la iluminaciónUna cocina debe ser acogedora, pero para trabajar necesita precisión. Se suele descuidar la luz directa sobre las zonas de corte y preparación, o se abusa de focos en el techo que generan sombras molestas sobre lo que estamos cocinando. En el estudio insistimos en crear capas de luz: una luz funcional impecable, una luz de ambiente cálida para las cenas y una iluminación de acento que resalte la belleza de los materiales. Una cocina bien iluminada no solo es más bonita es un espacio donde el bienestar se siente de manera inmediata«.

Fuente: elmueble.com