Les comparto un fragmento de algo que leí en estos últimos días del año y que me pudo encantar…

Cerrar el año no siempre es celebrar. A veces es respirar hondo y aceptar que no todo salió como lo soñabas. Que hubo decisiones que dolieron, personas que se fueron sin explicación y planes que nunca llegaron a ser.

Y aun así, seguiste. Con miedo, con cansancio, con dudas que pesaban más que las certezas. Seguiste cuando lo fácil habría sido rendirse, cuando el corazón pedía pausa y la vida seguía empujando.

Cerrar el año también es mirar hacia adentro y reconocer cuánto creciste sin notarlo. Todo lo que aprendiste a soltar, lo que dejaste de justificar, lo que ya no estás dispuesta a cargar, aunque antes lo hicieras por amor o costumbre.

No es poco. Es evolución. Es entender que sobrevivir también cuenta, sobre todo cuando el alma estuvo cansada y nadie vio la lucha.

Que este cierre no sea un adiós triste, sino un gracias honesto. Gracias por lo vivido, por lo aprendido, por lo que terminó y por lo que todavía duele un poco.

El año se va, pero tú sigues aquí. Más consciente, más fuerte, y un paso más cerca de la vida que quieres construir.

Y concluyo diciendo que, tratemos de cerrar el año agradeciendo. Agradeciendo incluso lo que dolió, porque, aunque no lo pedimos, algo nos enseñó. No fue el año perfecto para muchos.

Agradecer lo que nos hizo crecer, lo que nos obligó a soltar, lo que nos rompió para reconstruirnos distinto.

Cerrar el año, es decir: “Sobreviví.” “Aprendí.” “Aquí sigo.” y con eso basta.

Un fuerte abrazo y vamos con todo el animo por un 2026 mejor.

¡Feliz año nuevo!